I
Había
una vez un palomino que comparaba el amor con la amistad y veía que se parecían
mucho, pero no del todo; y que a veces era mejor la amistad, porque los amigos,
aunque fueran inseparables, de vez en cuando se separaban y descansaban el uno
del otro y duraba bastante la amistad aunque no fuera eterna como el amor
eterno que no duraba tanto. 93 - El amor y la amistad
Fábulas del entretiempo
Mariano González Mangada
Propuesta
ajena tomada para uso propio ante la
eventualidad de que uno o alguno de los dos pueda sucumbir a la tentación de
preguntarse si aún quiere al otro interrogación que nunca debe formularse según
recomendara la dora macedo tiempo atrás cuando uno aún porfiaba con el amor y
todo parecía más bien amistad o mucho menos a diferencia de los tiempos que
corren donde ya casi ni se menciona el dichoso amor y sin embargo todo parece
estar hecho de un género más basto pero más resistente aspecto que resulta de vital importancia a la hora en que
arrecian los tirones y el tejido de las cosas no cede con lo que el contenido
no se pierde y todos felices y contentos
o casi.
I I
Exégesis
de zaguán para una tira de Quino
Viñeta:
un mago fabrica burbujas. Todos compran el alambre y
el frasquito. El prole gasta allí
sus únicas monedas. Llega a la casilla y las pompas empiezan a volar.
La familia mira y mira / como quien está mirando a
Dios.
El padre ve dentro de las esferas lo que nunca tuvo
ni tendrá.
Digamos ahora que la burbuja deberá ser preservada,
que si cayera sería un solchiquito en la baldosa. Que toda ella es un estallido
en víspera, una gota potencial.
Y contemplemos esos vuelos con un mensaje implícito
en los ojos:
-Allí van mis sueños, buscando altura para terminar deshechos.
Busquemos la perdurabilidad de las materias débiles
y provisionales, esos adobes que al mismo tiempo son indispensables y efímeros.
Dudo que eslabonando sueños malogrados demos en algo
que prevalezca. Y no me persuade creer en que la desintegración sea también
evidencia
:
“el ansia que en la la pompa iba ha madurado deviniendo en líquida fatalidad”
A
pesar de la microvida de las esferas de jabón, decidamos militar en la tozudez.
Con las esperanzas maltrechas, guardemos en el bolsillo las imágenes mejores,
el carozo de la pompa, ese fragmento de
cielo que tan pocas veces nos habita la mirada.
Incapaces
de encender algún asombro, echemos pues a vuelo las burbujas.
Y
compartamos El Secreto en las peatonales, a toda voz, a voz en
cuello.
Y
fundemos un delivery de panaceas.
Y
enhebrando piedritas filosofales, regalemos bijou a las señoritas.
Y
cuadremos círculos en las kermesses olvidando cada vez pasar la gorra.
Algo
así como vivir
gozosa
y tercamente enamorados. 1994 a 2012
I I I
El espejo de Los Menhires 1
y 2
1
El espejo de Los Menhires
no es un lago de montaña
duplicando la piedra que era
una.
No se trata tampoco de un
azogue,
bastarda incrustación,
otro capricho del blanco.
Y no es el objeto de un
hotel:
aquel paisito de plata
con sus cuatro fronteras de
madera.
El espejo de Los Menhires
es un misterio agobiante,
un asunto borgiano nunca
escrito.
Los que en él se reflejan
cuando aman
no se vuelven inmortales,
ni se pierden detrás igual
que Alicia.
Simplemente se van una
mañana
-cumplidas las liturgias del
viajero-
Y en el verano,
cuando duerme la ciudad su
ardida siesta,
el cristal es una loca
calesita,
salamanca en apogeo,
cuadro de El Bosco que ha
cobrado vida.
Sobre el fuego
encienden otro fuego
nuestros cuerpos.
2
En el verano de Santiago
hay relojes que el mero
viento agita.
Son los molinos de tiempo.
Allí se vuelve polvo la
memoria,
porque polvo son del fuego
las cenizas.
Ya es hora, supongo, de
esparcirlas
sobre cada lugar que nuestro
paso
recreó sin saber de su
futuro.
Que si vinieras conmigo
a mirar en el espejo
maravilla,
el reflejo mostraría
que estoy solo asiendo de la mano
a una sombra que se aleja
tan ajena, tan otra y tan de prisa. 2007 a 2012
IV
Apogeo y decadencia de los
soportes para la escritura
Fue hace casi una vida.
Cuando firmé aquel escrito oía mi pluma rasgando el pergamino. Casi sentía el anillo de sello que hundía mis
iniciales en el lacre derramado.
El documento lucía una divisa de seda bicolor. Y dormía su eternidad en un cilindro peltre.
Aquello fue una Alta Ceremonia.
Hoy, en cambio, una pobre birome
de mil manos puso mi firma al pie del documento.
Ningún trazo cantor mostró sus fintas...
sólo un garabato azul, en papel A4 y con membrete tribunalicio. 2012 a 2012